Kriptonita

Un corazón roto es aveces el mejor aliado del filósofo. 

El amor, es un puto incordio. Nos saca de una acogedora rutina, y nos hace caminar por la cuerda floja con peligro de caer al vacío. Y en este acto de circo, no hay red. 

Por qué entonces, elegimos obstinadamente enamorarnos? 

La soledad de la noche trae consigo los mil pensamientos que evito durante el día. Las calles dormidas, el frío y la obscuridad, me permiten analizarme a mi misma desde un punto de vista casi externo. 

Cuando estoy cerca de él, mi corazón siente cada roce de brisa, como una herida abierta. Sangra, se agita, grita, llora, ríe. Percibo cada caricia, cada beso, su indiferencia, su aroma, su sombra. 

Sin embargo, entre más tiempo paso alejada de él, el mismo pertinaz corazón, ahoga todo esto detrás de un muro de hormigón, que va construyendo a su alrededor. Cada emoción que me provoca, sigue allí, pero el muro apaga sus gemidos. 

"Esta chica es dura" dice mi madre. 

La distancia que pone entre nosotros y su silencio, me hace regresar a mi estado "natural". Vuelvo a convertirme en la estatua de acero que fuí. 

Pero de pronto, una fotografía regresa el tiempo atrás en mi cabeza y hace que ese simpático muro que protege mi bomba sanguínea, se empiece a desmoronar. El hormigón se vuelve arcilla. 

Es como la Kriptonita para Superman. Éste deja de ser "el hombre de acero" y se vuelve débil como un bebé con sólo estar cerca de la infame piedra verde. 

Superman no desea estar cerca de su debilidad. Sabe que puede matarlo.  

Por qué entonces, deseo estar cerca de mi kriptonita? Por qué este imperdible deseo de ser vulnerable, como pajarillo herido en sus manos? 

Los seres humanos son raros y Superman es un alien. 
 

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